Mi padre.
La tarde en que vi a mi padre abatido, vi lagrimas en sus ojos de campesino.
Sus manos temblaban cada vez que el martillo caía sobre la cabeza del clavo,
era como si le arrancarán un pedazo a su alma.
Y cepillaba la madera suavizada con sus lágrimas, y cuando la media con su cinta métrica, era como si midiera el dolor que dé por vida lo acompañará.
Terminada la caja la pinto de blanco, y la puso al viento para que se secara, después con sábanas y lirios blancos hizo dentro una mullida cama.
Dios, esa tarde cuanto dolor tenía mi padre en su cara.
Era la tarde que con sus propias manos, hacia el féretro para mi hermana, su hija de cinco años que había muerto de malaria.
En la noche bajo la luz pálida de unas velas rodeada de flores blancas, sobre una mesa vi la caja, guardado dentro de ella el amor de mi padre, era ella, que a ese rostro le arrancaba lágrimas.
Y fueron llegando parientes, conocidos, y vecinos, acompañarnos en la cruel tragedia que enlutaba mi casa, y todos miraban con tristeza la caja, que mi padre había hecho entre dolor y lágrimas.
Ya en su vejez, sin decirnos nada, lo entendíamos cuando se sentaba en la banca y miraba hacia el camino,
Sus ojitos guardaban la esperanza de ver llegar la que un día se fue en la caja.
Nosotros ya grandes y viejos lo abrazabamos, sabíamos que sola se sentía su alma.
Dedicado a mi padre.
©copyright.
Albaro Ballesteros.
Poeta colombiano.
D. R. A.
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