Recuérdame.
Recuérdame cuándo la tarde se haya ido, cuándo el mar este en calma, y te sientas sola en el barco donde viajas, ese que rompe las olas del mar llevándose entre sus entrañas.
No me olvides cuándo llegue a tu alma la nostalgia, sienta el vaivén del barco sobre las olas que sube y baja, como mi pecho suspira por tu ausencia.
Cuándo sientas que mi mano ya no te alcanza deja por mi escapar una lágrima.
Mi alma también llora en silencio solitaria, la soledad es una mortaja, no hay luz en el cielo, la luna y las estrellas se fueron siguiendo el barco que te lleva en sus entrañas.
Si vez las gaviotas revoletear en el cielo azul,
Mándame con ellas un adios o un beso, posiblemente algun día una de ellas llegue a mi playa, y entre grasnidos me dirás lo mucho que me amas, o lo mucho que me extrañas.
Mándame un beso en las olas que vienen de la nada, que pasan por su barco y regresan a la playa.
Si oyes mi voz que entre la brisa por sobre la mar solitaria viaja, no te sientas culpable de mí nostalgia, no es pecado recordar al que se queda solitario en una playa.
Cuándo la noche llegue, y mires hacia atras vera la luz del faro que señala el sitio donde vive el hombre que te ama, ese que esperara dia a dia el regreso del barco que te llevó en sus entrañas.
Y si por cosas del destino no regresa, en las noches frias eleve al cielo una oración por el hombre que se quedó solitario una playa, ese que te dijo adios, cuándo entre rizos del mar el barco se alejaba.
Cuando los años lleguen, y tu cabeza este plateada, tomaras un libro de de la biblioteca olvidada, te sorprenderá encontrarte con los versos que escribí en noches solitarias, y sentirás una pena muy honda que de tus ojos brotara una lágrima al enterarse lo mucho que yo te amaba, abriras la ventana y allá a lo lejos verás el centellar de una luz roja que por el espacio pasa, es el faro que te señala, que te juzga, que té recuerda la playa solitaria.
Ya no eleve oraciones al cielo por mi, ni me mande un adios con las gaviotas, ni un beso en las olas que por tu puerto pasan, las flores se secaron y sus pétalos el viento se los los llevo, se perdieron en la escarcha.
talvez en algun cementerio olvidado entre el bosque frio y oscuro, habra una lapida cubierta de enredaderas y hojarasca, no tendrá cruz, ni tendrá nombre que al morir no hizo falta, solo tendrá un verso que le dirá al bosque, a la brisa fría, a las flores muertas.
Aqui yace el hombre que un día quedo sólo en la playa.
Autor
Albaro Ballesteros/ Colombia
Copyright.
D. R. A.
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